lunes, 17 de noviembre de 2025

Mi influencer favorita.

 "No todo fanático, es un santo…"

En un mundo donde las redes sociales dominaban la vida de millones, SweetKiss era la reina indiscutible. Con su sensualidad y belleza acumulaba seguidores por millones, la mayoría hombres que la adoraban e idolatraban al grado de no perderse sus transmisiones en vivo, justo al filo de la medianoche.

Pero SweetKiss no era solo una influencer. Era una figura de poder, una diosa digital que moldeaba la mente de sus seguidores con historias de romance y estrategias para conquistar a los llamados “chicos de bajo valor”. Su tono era crítico, sarcástico, y a menudo cruel. Humillaba públicamente a hombres de su entorno, se burlaba de sus propios fans en tiempo real, y los convencía de consumir sus productos: rifas para ser mencionados en su emisión en directo, carteles con su nombre escritos con lápiz labial y perfume, besos estampados en servilletas, entre otras cosas más.

Su encanto era tan hipnótico que muchos soportaban el desprecio con tal de ser vistos, citados, o simplemente reconocidos en su mundo de fantasía.

Una noche, SweetKiss anunció una de sus tantas rifas. Las redes estaban en alerta: horas antes había posteado una imagen con una promesa.

“Noche de ensueño conmigo, no te lo pierdas.”

La imagen mostraba un letrero lleno de corazones y, en el centro, una foto de ella lanzando un beso a la cámara.

En su lujoso estudio de grabación, SweetKiss se preparaba para dar el anuncio. Con el cabello suelto y una blusa ajustada que acentuaba su figura, se sentó frente a la cámara, lista para encender la chispa de la intriga.

—¡Hola, mis amores! —comenzó con voz suave y melodiosa, resonando en el micrófono—. Hoy tengo algo muy especial para ustedes. He decidido rifar una cita conmigo.

Los “me gusta” flotaban por toda la pantalla como fuegos artificiales.

—Sí, lo han oído bien. Una cita real. Tú y yo, solos, disfrutando de una velada mágica —dijo, con una sonrisa seductora dibujada en los labios.

—¿Te imaginas? —continuó—. nosotros, una cena en ese nuevo restaurante que todos comentan, luces tenues, música suave… No sé, piénsalo…— añadió al mismo tiempo que guiñaba su ojo de forma coqueta.

Su tono se volvió más íntimo, más envolvente. Se inclinó hacia la cámara, como si sus palabras fueran una tonada dulce para acariciar los oídos de sus seguidores.

—Esta experiencia única tiene un costo de solo 500 pesos mexicanos. Poco para una noche que nunca olvidarás. Y no solo eso… también tendrás la oportunidad de aparecer en uno de mis en vivos. ¿Quién sabe? Tal vez surja una chispa de amor contigo…

Su voz se tornó aún más dulce, como la de un personaje sensual de anime. Cada palabra era una caricia digital.

—Así que, si estás listo para dar el paso y hacer de esta una noche especial, solo comenta: “Quiero la cita contigo, SweetKiss” y envía tu aportación. Recuerda, los lugares son limitados. No querrás perderte esta oportunidad.

Finalizó el anuncio con una risa contagiosa y otro guiño. Luego se enderezó, con la mirada fija en la cámara, como si estuviera mirando a cada uno de sus fanáticos a los ojos.

—¡Nos vemos pronto! —dijo, lanzando un beso que quedó flotando en la pantalla.

La rifa no era solo un evento. Era una promesa de conexión, de magia… y de un momento que podría cambiarlo todo.

Esa noche, Genaro, un joven enamorado de SweetKiss, sentía su corazón latir con fuerza cada vez que veía una nueva publicación de ella. Cuando escuchó sobre la rifa de la cita, supo que tenía que hacer todo lo posible para ganarla. No dejaba de repetir el video, encantado por su voz suave y seductora, que seguía resonando en su mente como un hechizo.

Genaro no tenía mucho dinero ahorrado, pero estaba decidido. Esa misma noche, se sentó en su escritorio y comenzó a pensar cómo conseguir el dinero.

—Si tengo que vender todas mis cosas, lo haré —murmuró para sí mismo—. No puedo dejar pasar este chance.

Al día siguiente, se deshizo de su consola de videojuegos, algunos libros de autores reconocidos y ropa que apenas había estrenado. Con cada venta, su emoción crecía.

—Esto es por SweetKiss —se decía, mientras revisaba su cuenta bancaria en el celular, dejando que su imaginación lo llevara por escenas donde paseaba y bailaba con ella en un restaurante elegante. Su rostro se llenaba de ilusiones.

Los días pasaron. Finalmente, llegó el momento de participar en la rifa. Genaro se sentó frente a su computadora, nervioso pero emocionado.

—¡Quiero la cita! —escribió en los comentarios, mientras enviaba el pago.

—Ahora solo queda esperar —pensó, sintiendo una mezcla de ansiedad y esperanza.

Pero SweetKiss no se presentó a su en vivo habitual. En su lugar, apareció una imagen con un reloj detenido. Ni rastro de ella. Pasaron las horas, y los seguidores comenzaron a abandonar el perfil, dejando emojis de corazones rotos y comentarios llenos de desilusión. Caras tristes inundaban el chat, reflejo de la esperanza que se desvanecía.

Genaro, sin embargo, seguía esperando. Las horas pasaban: las dos de la mañana, tres, cuatro… hasta las cinco. El pobre chico se sentía vacío, dolido, deprimido.

Días después, SweetKiss reapareció en sus redes con un video de menos de un minuto. Sus fans, aunque heridos, volvieron como abejas a la miel, buscando una migaja de atención.

—¡Hola, mis amores! —comenzó con su voz dulce—. Lamento haberme desaparecido estos días, pero tuve asuntos personales que resolver. Lo de la cita lo postergaré para otra rifa. En su lugar, les enviaré muchos besitos. Gracias por participar. Eso demuestra que tienen un amor infinito por mí…

Corazones flotaban en la pantalla. Algunos completos. Otros partidos a la mitad.

—Nos vemos en la nochecita. Los quiero. ¡Chaito! —finalizó con palabras que parecían convincentes, pero con un aire de burla hacia todos los ilusos que pagaron por una cita ficticia con su influencer favorita.

Todo indicaba que habían sido timados por la mujer a la que se habían entregado con devoción. No solo a sus caprichos, sino también a sus constantes faltas de respeto. Mientras los ingenuos sufrían, ella disfrutaba del dinero, gastándolo a manos llenas, sin importarle los sentimientos de ellos ni un poco.

Genaro, que había gastado no solo sus ahorros sino perdiendo todo lo que tuvo que vender, se sintió humillado y engañado. Había llegado al límite, cansado de ser tratado como un simple objeto de entretenimiento.

Buscó entre sus viejos libros, aquellos que aún conservaba, rituales antiguos y magia oscura. La luna llena iluminaba su habitación. Decidió llevar a cabo su venganza.

En medio de su cuarto, aprovechando que no había nadie en casa, encendió velas y dibujó símbolos extraños en el suelo. Tomó su celular y miró las fotos de SweetKiss, mientras sus lágrimas de coraje caían sobre la pantalla. De pronto, del dispositivo emergió un humo oscuro, junto con una energía extraña que comenzó a llenar la habitación. Las velas parpadeaban. Un viento helado sopló a través de la ventana, dejando un escalofrío en su espalda y llevándose consigo toda la luz, incluso la de las velas.

La noche siguiente, SweetKiss sintió algo extraño. Su popularidad comenzó a desvanecerse. Los comentarios de sus seguidores se tornaron negativos. Sus publicaciones, que antes acumulaban miles de "me gusta", ahora apenas lograban unos pocos cientos.

—¿Qué está pasando? —se preguntó, mirando su teléfono con desesperación—. ¡Esto no puede estar sucediendo!

Mientras tanto, Genaro observaba desde la distancia, sintiendo una mezcla de satisfacción y miedo. Notaba que lo que había hecho estaba dando frutos. Su venganza se reflejaba. Pero algo en su interior le decía que había cruzado una línea peligrosa.

SweetKiss se preparaba para su habitual transmisión en vivo, pero esa noche algo era distinto. Las luces titilaban. El aire se volvía denso.

—¡Hola, mis amores! —saludó con su voz eufórica, aunque la preocupación se notaba en sus ojos.

Un ruido sordo resonó en la habitación —¡Thump!—, como si algo pesado hubiera caído.

Se detuvo. Su sonrisa se desvaneció.

—¿Escucharon eso? —preguntó, mirando a su alrededor con los ojos muy abiertos—. Debe ser el viento… ¡Si… eso ha de ser…!

—¡Esto es... muy raro! —murmuró, tratando de mantener la calma—. Vamos a seguir.

Las luces comenzaron a hacer corto circuito —Zzzzt… zzzzt…—. Ruidos rodeaban el lugar. Un frío intenso llenó el aire. De repente, la pantalla de su celular se encendió, mostrando una foto de ella… bajo una mancha oscura. La misma se plasmó en su monitor.

Horrorizada, escuchó risas macabras —Hahaha… hahaha…— que llenaban el aire con un sonido escalofriante proveniente de las sombras.

Su corazón latía con fuerza, como si quisiera salirse del pecho. El miedo la invadía.

—¡Chicos, esto no es normal...! —dijo, con la voz temblando.

Un grito desgarrador resonó en la habitación, —¡Aaaahhh! al mismo tiempo que las luces se apagaron por completo —¡Zzzzt!— reverberando solo un zumbido en la habitación, que dejó a SweetKiss en plena oscuridad, con la respiración acelerada.
Hhhhhh… hhhhhh…—.

—¡Hola! —gritó, su voz resonando en la penumbra—. ¿Hay alguien ahí?

Te gusta hacer sufrir… vamos a hacerte sufrir —respondió un susurro helado y distorsionado, como si alguien estuviera justo detrás de ella.

Encendió la linterna de su teléfono. Su rostro estaba pálido. En la luz temblorosa, vio una sombra acercándose lentamente.
Sus ojos brillaban con una luz rojiza antinatural.

—¡No! —gritó, retrocediendo—. ¡Esto no es divertido! ¡Paren ya!

Las risas macabras se intensificaron Hahaha… hahahaaa… Hahaha… hahahaaa…— resonando como un eco interminable. Mientras las luces seguían luchando por encenderse en múltiples parpadeos —Zzzzt… zzzzt… zzzzt…—.

En cada destello, la figura oscura se acercaba más.

El aire se volvió irrespirable. La oscuridad la envolvía.

Con un último destello de luz —flash— vio a la entidad sonriendo.
Sus dientes afilados brillaban en la penumbra.
Una mano larga, con garras, rozó su rostro.

La transmisión se cortó abruptamente —¡Poff!—, dejando a sus seguidores en un silencio aterrador.

Minutos después, la cámara se activó nuevamente.
SweetKiss estaba postrada en su silla.
De fondo, carcajadas siniestras rebotaban por las bocinas de sus seguidores —Hahaha… hahahaaa… Hahaha… hahahaaa…— hasta que un click acabó todo.

La transmisión terminó. Y con ella, algo más se apagó… dejando un vacío en el estómago de cada espectador.

En diferentes comunidades de fans de SweetKiss, comenzaron a circular rumores. En algunos foros comentaban que todo lo ocurrido era falso, un montaje para desaparecer del ojo público. Afirmaban que había sido descubierta por los fraudes en sus rifas, que su popularidad había caído, y que las amenazas constantes la habían obligado a borrar sus redes sociales y emigrar a otro país.

Los más defensores de la chica, aseguraban que sus cuentas fueron hackeadas por un exnovio tóxico, quien robó su contenido y lo publicó antes de tiempo. Según ellos, todo era parte de un especial de Halloween que su equipo de creación de contenido había preparado, pero el sabotaje la dejó en bancarrota.

Sin embargo, todas eran suposiciones.

El único que conocía la verdad era un joven con el corazón roto. Su nombre era Genaro.

Después de lo ocurrido, pidió ser internado en un sanatorio mental. Confesó que, consumido por el despecho, había recurrido a magia prohibida para vengarse de su amor platónico. Sin medir las consecuencias, realizó un ritual oscuro… y desató algo que no era de este mundo.

Desde aquella noche, Genaro no puede dormir. El insomnio lo consume, al igual que la culpa. Las pesadillas lo atormentan, y cada vez se sienten más reales.

En ellas, regresa al rincón donde todo comenzó, viendo a SweetKiss siendo arrastrada por su habitación entre gritos y llantos sin fin, mientras un monstruo siniestro se mofa y devora lo que queda de ella.

Y lo peor… es que Genaro asegura ser visitado por la misma criatura.
Una entidad que reclama su alma, que lo acecha en cada recoveco de su mente, llevándoselo poco a poco… junto con su influencer favorita por toda la eternidad.

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