"No todo fanático, es un santo…"
En un mundo donde las redes sociales dominaban la vida de millones,
SweetKiss era la reina indiscutible. Con su sensualidad y belleza acumulaba
seguidores por millones, la mayoría hombres que la adoraban e idolatraban al
grado de no perderse sus transmisiones en vivo, justo al filo de la medianoche.
Pero SweetKiss no era solo una influencer. Era una figura de poder, una
diosa digital que moldeaba la mente de sus seguidores con historias de romance
y estrategias para conquistar a los llamados “chicos de bajo valor”. Su tono
era crítico, sarcástico, y a menudo cruel. Humillaba públicamente a hombres de
su entorno, se burlaba de sus propios fans en tiempo real, y los convencía de
consumir sus productos: rifas para ser mencionados en su emisión en directo,
carteles con su nombre escritos con lápiz labial y perfume, besos estampados en
servilletas, entre otras cosas más.
Su encanto era tan hipnótico que muchos soportaban el desprecio con tal
de ser vistos, citados, o simplemente reconocidos en su mundo de fantasía.
Una noche, SweetKiss anunció una de sus tantas rifas. Las redes estaban
en alerta: horas antes había posteado una imagen con una promesa.
“Noche de ensueño conmigo, no te lo pierdas.”
La imagen mostraba un letrero lleno de corazones y, en el centro, una
foto de ella lanzando un beso a la cámara.
En su lujoso estudio de grabación, SweetKiss se preparaba para dar el
anuncio. Con el cabello suelto y una blusa ajustada que acentuaba su figura, se
sentó frente a la cámara, lista para encender la chispa de la intriga.
—¡Hola, mis amores! —comenzó con voz suave y melodiosa, resonando en el
micrófono—. Hoy tengo algo muy especial para ustedes. He decidido rifar una
cita conmigo.
Los “me gusta” flotaban por toda la pantalla como fuegos artificiales.
—Sí, lo han oído bien. Una cita real. Tú y yo, solos, disfrutando de una
velada mágica —dijo, con una sonrisa seductora dibujada en los labios.
—¿Te imaginas? —continuó—. nosotros, una cena en ese nuevo restaurante
que todos comentan, luces tenues, música suave… No sé, piénsalo…— añadió al
mismo tiempo que guiñaba su ojo de forma coqueta.
Su tono se volvió más íntimo, más envolvente. Se inclinó hacia la
cámara, como si sus palabras fueran una tonada dulce para acariciar los oídos
de sus seguidores.
—Esta experiencia única tiene un costo de solo 500 pesos mexicanos. Poco
para una noche que nunca olvidarás. Y no solo eso… también tendrás la
oportunidad de aparecer en uno de mis en vivos. ¿Quién sabe? Tal vez surja una
chispa de amor contigo…
Su voz se tornó aún más dulce, como la de un personaje sensual de anime.
Cada palabra era una caricia digital.
—Así que, si estás listo para dar el paso y hacer de esta una noche
especial, solo comenta: “Quiero la cita contigo, SweetKiss” y envía tu
aportación. Recuerda, los lugares son limitados. No querrás perderte esta
oportunidad.
Finalizó el anuncio con una risa contagiosa y otro guiño. Luego se
enderezó, con la mirada fija en la cámara, como si estuviera mirando a cada uno
de sus fanáticos a los ojos.
—¡Nos vemos pronto! —dijo, lanzando un beso que quedó flotando en la
pantalla.
La rifa no era solo un evento. Era una promesa de conexión, de magia… y
de un momento que podría cambiarlo todo.
Esa noche, Genaro, un joven enamorado de SweetKiss, sentía su corazón
latir con fuerza cada vez que veía una nueva publicación de ella. Cuando
escuchó sobre la rifa de la cita, supo que tenía que hacer todo lo posible para
ganarla. No dejaba de repetir el video, encantado por su voz suave y seductora,
que seguía resonando en su mente como un hechizo.
Genaro no tenía mucho dinero ahorrado, pero estaba decidido. Esa misma
noche, se sentó en su escritorio y comenzó a pensar cómo conseguir el dinero.
—Si tengo que vender todas mis cosas, lo haré —murmuró para sí mismo—.
No puedo dejar pasar este chance.
Al día siguiente, se deshizo de su consola de videojuegos, algunos
libros de autores reconocidos y ropa que apenas había estrenado. Con cada
venta, su emoción crecía.
—Esto es por SweetKiss —se decía, mientras revisaba su cuenta bancaria
en el celular, dejando que su imaginación lo llevara por escenas donde paseaba
y bailaba con ella en un restaurante elegante. Su rostro se llenaba de
ilusiones.
Los días pasaron. Finalmente, llegó el momento de participar en la rifa.
Genaro se sentó frente a su computadora, nervioso pero emocionado.
—¡Quiero la cita! —escribió en los comentarios, mientras enviaba el
pago.
—Ahora solo queda esperar —pensó, sintiendo una mezcla de ansiedad y
esperanza.
Pero SweetKiss no se presentó a su en vivo habitual. En su lugar,
apareció una imagen con un reloj detenido. Ni rastro de ella. Pasaron las
horas, y los seguidores comenzaron a abandonar el perfil, dejando emojis de
corazones rotos y comentarios llenos de desilusión. Caras tristes inundaban el
chat, reflejo de la esperanza que se desvanecía.
Genaro, sin embargo, seguía esperando. Las horas pasaban: las dos de la
mañana, tres, cuatro… hasta las cinco. El pobre chico se sentía vacío, dolido,
deprimido.
Días después, SweetKiss reapareció en sus redes con un video de menos de
un minuto. Sus fans, aunque heridos, volvieron como abejas a la miel, buscando
una migaja de atención.
—¡Hola, mis amores! —comenzó con su voz dulce—. Lamento haberme
desaparecido estos días, pero tuve asuntos personales que resolver. Lo de la
cita lo postergaré para otra rifa. En su lugar, les enviaré muchos besitos.
Gracias por participar. Eso demuestra que tienen un amor infinito por mí…
Corazones flotaban en la pantalla. Algunos completos. Otros partidos a
la mitad.
—Nos vemos en la nochecita. Los quiero. ¡Chaito! —finalizó con palabras
que parecían convincentes, pero con un aire de burla hacia todos los ilusos que
pagaron por una cita ficticia con su influencer favorita.
Todo indicaba que habían sido timados por la mujer a la que se habían
entregado con devoción. No solo a sus caprichos, sino también a sus constantes
faltas de respeto. Mientras los ingenuos sufrían, ella disfrutaba del dinero,
gastándolo a manos llenas, sin importarle los sentimientos de ellos ni un poco.
Genaro, que había gastado no solo sus ahorros sino perdiendo todo lo que
tuvo que vender, se sintió humillado y engañado. Había llegado al límite,
cansado de ser tratado como un simple objeto de entretenimiento.
Buscó entre sus viejos libros, aquellos que aún conservaba, rituales
antiguos y magia oscura. La luna llena iluminaba su habitación. Decidió llevar
a cabo su venganza.
En medio de su cuarto, aprovechando que no había nadie en casa, encendió
velas y dibujó símbolos extraños en el suelo. Tomó su celular y miró las fotos
de SweetKiss, mientras sus lágrimas de coraje caían sobre la pantalla. De
pronto, del dispositivo emergió un humo oscuro, junto con una energía extraña
que comenzó a llenar la habitación. Las velas parpadeaban. Un viento helado
sopló a través de la ventana, dejando un escalofrío en su espalda y llevándose
consigo toda la luz, incluso la de las velas.
La noche siguiente, SweetKiss sintió algo extraño. Su popularidad
comenzó a desvanecerse. Los comentarios de sus seguidores se tornaron
negativos. Sus publicaciones, que antes acumulaban miles de "me
gusta", ahora apenas lograban unos pocos cientos.
—¿Qué está pasando? —se preguntó, mirando su teléfono con
desesperación—. ¡Esto no puede estar sucediendo!
Mientras tanto, Genaro observaba desde la distancia, sintiendo una
mezcla de satisfacción y miedo. Notaba que lo que había hecho estaba dando
frutos. Su venganza se reflejaba. Pero algo en su interior le decía que había
cruzado una línea peligrosa.
SweetKiss se preparaba para su habitual transmisión en vivo, pero esa
noche algo era distinto. Las luces titilaban. El aire se volvía denso.
—¡Hola, mis amores! —saludó con su voz eufórica, aunque la preocupación
se notaba en sus ojos.
Un ruido sordo resonó en la habitación —¡Thump!—, como si algo
pesado hubiera caído.
Se detuvo. Su sonrisa se desvaneció.
—¿Escucharon eso? —preguntó, mirando a su alrededor con los ojos muy
abiertos—. Debe ser el viento… ¡Si… eso ha de ser…!
—¡Esto es... muy raro! —murmuró, tratando de mantener la calma—. Vamos a
seguir.
Las luces comenzaron a hacer corto circuito —Zzzzt… zzzzt…—.
Ruidos rodeaban el lugar. Un frío intenso llenó el aire. De repente, la
pantalla de su celular se encendió, mostrando una foto de ella… bajo una mancha
oscura. La misma se plasmó en su monitor.
Horrorizada, escuchó risas macabras —Hahaha… hahaha…— que
llenaban el aire con un sonido escalofriante proveniente de las sombras.
Su corazón latía con fuerza, como si quisiera salirse del pecho. El
miedo la invadía.
—¡Chicos, esto no es normal...! —dijo, con la voz temblando.
Un grito desgarrador resonó en la habitación, —¡Aaaahhh!— al mismo tiempo que las luces se apagaron por
completo —¡Zzzzt!— reverberando solo un zumbido en la habitación, que
dejó a SweetKiss en plena oscuridad, con la respiración acelerada.
—Hhhhhh… hhhhhh…—.
—¡Hola! —gritó, su voz resonando en la penumbra—. ¿Hay alguien ahí?
—Te gusta hacer sufrir… vamos a hacerte sufrir —respondió un
susurro helado y distorsionado, como si alguien estuviera justo detrás de ella.
Encendió la linterna de su teléfono. Su rostro estaba pálido. En la luz
temblorosa, vio una sombra acercándose lentamente.
Sus ojos brillaban con una luz rojiza antinatural.
—¡No! —gritó, retrocediendo—. ¡Esto no es divertido! ¡Paren ya!
Las risas macabras se intensificaron —Hahaha… hahahaaa…
Hahaha… hahahaaa…— resonando como un eco interminable. Mientras las luces
seguían luchando por encenderse en múltiples parpadeos —Zzzzt… zzzzt… zzzzt…—.
En cada destello, la figura oscura se acercaba más.
El aire se volvió irrespirable. La oscuridad la envolvía.
Con un último destello de luz —flash— vio a la entidad sonriendo.
Sus dientes afilados brillaban en la penumbra.
Una mano larga, con garras, rozó su rostro.
La transmisión se cortó abruptamente —¡Poff!—, dejando a sus
seguidores en un silencio aterrador.
Minutos después, la cámara se activó nuevamente.
SweetKiss estaba postrada en su silla.
De fondo, carcajadas siniestras rebotaban por las bocinas de sus seguidores —Hahaha…
hahahaaa… Hahaha… hahahaaa…— hasta que un click acabó todo.
La transmisión terminó. Y con ella, algo más se apagó… dejando un vacío
en el estómago de cada espectador.
En diferentes comunidades de fans de SweetKiss, comenzaron a circular
rumores. En algunos foros comentaban que todo lo ocurrido era falso, un montaje
para desaparecer del ojo público. Afirmaban que había sido descubierta por los fraudes
en sus rifas, que su popularidad había caído, y que las amenazas constantes la
habían obligado a borrar sus redes sociales y emigrar a otro país.
Los más defensores de la chica, aseguraban que sus cuentas fueron
hackeadas por un exnovio tóxico, quien robó su contenido y lo publicó antes de
tiempo. Según ellos, todo era parte de un especial de Halloween que su equipo
de creación de contenido había preparado, pero el sabotaje la dejó en
bancarrota.
Sin embargo, todas eran suposiciones.
El único que conocía la verdad era un joven con el corazón roto. Su
nombre era Genaro.
Después de lo ocurrido, pidió ser internado en un sanatorio mental.
Confesó que, consumido por el despecho, había recurrido a magia prohibida para
vengarse de su amor platónico. Sin medir las consecuencias, realizó un ritual
oscuro… y desató algo que no era de este mundo.
Desde aquella noche, Genaro no puede dormir. El insomnio lo consume, al
igual que la culpa. Las pesadillas lo atormentan, y cada vez se sienten más
reales.
En ellas, regresa al rincón donde todo comenzó, viendo a SweetKiss
siendo arrastrada por su habitación entre gritos y llantos sin fin, mientras un
monstruo siniestro se mofa y devora lo que queda de ella.
Y lo peor… es que Genaro asegura ser visitado por la misma criatura.
Una entidad que reclama su alma, que lo acecha en cada recoveco de su mente,
llevándoselo poco a poco… junto con su influencer favorita por toda la
eternidad.
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