"Las redes sociales... pueden ser mortales"
Un par de amigas se juntaron en la casa de una de ellas: Adela, a quien se le ocurrió, una tarde de viernes, la grandiosa idea de hacer una noche de chicas, aprovechando que tendrían días de descanso hasta el lunes. Quedó con su compinche y mejor amiga, Rocío, en grabar y editar clips cortos para sus diferentes plataformas de redes sociales, en las cuales tenían varios seguidores —principalmente compañeros de clase— a quienes querían mostrar lo divertido que se la pasaban juntas en una velada de pijamadas.
Pasaron las horas y, después de tanto cantar como bailar, no se dieron
cuenta de que ya había caído la noche. El ocio se hizo presente, así que
decidieron navegar un rato por internet, yendo de página en página hasta que
dieron con algo que les llamó la atención: un reto viral que llevaba días
siendo tendencia entre cientos de creadores de contenido.
—¡Oyeee! ¿Y si lo hacemos? —comentó exaltada Rocío, al mirar en su
celular el video que estaba de moda en ese instante.
—¡Ayyy… nooo! Tú sabes que esas cosas me ponen la piel chinita —murmuró
en voz baja Adela, cubriéndose la cara con una de las almohadas de la cama.
Rocío reprodujo una de las grabaciones recientemente posteadas por un
grupo de conocidos, donde se mostraba un juego poco usual llamado El péndulo
humano.
—Consiste en dejarse ir bajo una energía interna que te hace balancearte
de adelante hacia atrás, con el objetivo de conseguir respuestas bajo un “sí o
no”. Dependiendo de qué lado tu ser se incline primero, va a ser el “sí”. Como
todo juego, hay pasos a seguir. Pongan atención —explicaban un par de chicos
paso a paso, al mismo tiempo que daban un ejemplo detallado de cómo hacerlo,
como si fuera una receta de galletas.
—Lo primero que vamos a realizar es un leve frotamiento de las manos
para generar calor. Esto va a hacer que nuestro campo áurico se active. Ahora
sí: una de tus manos la llevas al corazón, y con la mano dominante, de cara a
tu cuerpo, tienes que protegerte contra malos espíritus mientras repites estas
palabras: “Lo mío, es mío”, moviéndola tres veces de arriba a abajo. Luego, de
la misma manera, pero volteando la palma hacia el exterior, dices: “Lo tuyo, es
tuyo”, igual tres veces. Para finalizar, llevas la mano desde tu cara hasta la
nuca, declarando: “Y por detrás de mi cabeza me protejo”.
Según comentarios de otros, esto hace que ninguna entidad gobierne sobre
tu cuerpo y que solo tu fuerza interna sea la que te responda. No olviden que
deben hacer esto con alguien más, para evitar accidentes. Y muy importante:
cerrar con respeto y de forma adecuada todo ritual que se haga. Así evitamos
invitados indeseados —se mostraba paso por paso cómo debía llevarse a cabo
dicha dinámica.
—Le pueden preguntar todo lo que quieran... solo no se queden tanto
tiempo en ese trance.
Adela, algo intrigada, observaba a su amiga, que estaba muy entusiasmada
por hacerse viral emulando cada parte de aquel reto que era el más comentado de
la semana.
Ambas chicas eran fanáticas de subir videos a sus redes sociales:
comentaban películas o canciones que habían escuchado, criticaban a otros
creadores de contenido, pero, sobre todo, recreaban las actividades que eran
famosas entre los usuarios.
Después de un largo rato de indecisión, ambas muchachitas se dispusieron
a repetir, paso a paso, cada detalle de lo que habían visto en el video
anterior, dejando uno de sus celulares frente a un aro de luz que grabaría cada
momento para intentar hacerse populares.
—¡Adela… comienza tú! ¡Vamos, amigaaa! —exclamó toda eufórica Rocío,
aplaudiendo para convencerla y hacerla entrar en confianza.
—¡Está bien! Lo voy a hacer por mi befa —replicó Adela, sintiéndose más
segura ante el entusiasmo de Rocío, para luego empezar a emular el reto—. ¡Esto
me da cosita! ¡Aaayyy! —comentaba, toda nerviosa, mientras iniciaba frotando
sus manos para estimular la energía corporal.
—Lo mío, es mío —emitía la niña al comenzar, tocándose el pecho con la
mano izquierda en el corazón y la otra frente a ella, pasándola tres veces con
la palma en dirección hacia su cara.
—Lo tuyo, es tuyo —continuaba, haciendo lo mismo, pero con la palma
dando la espalda a su rostro.
—Y por detrás de mi cabeza me protejo —seguía la chica, pasando su mano
desde la cara hasta la nuca.
—¿Cuál es mi “sí”? —finalizó el proceso de la actividad, colocando los
brazos extendidos, como si rodeara a alguien con ellos. Las palmas quedaban a
la altura de su pecho, una frente a la otra, mientras inclinaba su cuerpo hacia
el frente, dejando claro que la respuesta positiva se confirmaría con un
movimiento de su ser hacia adelante.
—Ahora que sabes cuál es tu “sí”… ¡Pregúntale cosas, amiga! —comentó con
intriga Rocío, entre mordiscos en sus dedos provocados por los nervios.
—¿Voy a viajar a Francia en estos próximos cinco años? —preguntó en voz
alta, con seguridad, concentrándose en su energía, mientras el cuerpo se
inclinaba hacia atrás, dejando un “no” como respuesta.
—¡Uy! ¡Amigaaa! Creo que no se me va a hacer el viaje de mis sueños
—comentó, decepcionada, Adela ante la negativa.
—¡Es un tonto juego! No le hagas caso, amiga —exclamó con tono engreído
Rocío, al ver la cara bajoneada de Adela—. ¡Voy… yo!
Rocío tomó a su amiga de las manos y la llevó a sentarse en la cama,
ocupando su lugar para comenzar a repetir todo el procedimiento. Sin embargo,
dejó de lado el cierre de sesión de su compinche, así como el frotamiento de
manos para canalizar mejor la energía.
—Lo mío, es mío —exclamó con firmeza, llevando su mano izquierda al
pecho, donde se encontraba su corazón, y la otra frente a ella. Acto seguido,
pasó dos veces la palma en dirección a su rostro.
—Lo tuyo, es tuyo —repitió de forma forzada, pero con la mano dando la
espalda a ella.
—Y por detrás de mi cabeza me protejo —continuó con tono dudoso, pasando
su mano desde la cabeza hasta rozar la nuca.
—¿Cuál es mi “sí”? —vociferó con prepotencia al finalizar todo, dejando
caer las manos y saltándose el resto del proceso.
—¡Amiga! ¡Eso no se tenía que hacer! —exclamó preocupada Adela,
tomándose del cabello con temor.
—¡Aaayyy, amigaaa! Solo es un tonto reto viral, ¡no va a pasar nada!
—repitió Rocío, desafiante, mientras la miraba relajadamente—. ¡¿Ves?! ¡Te lo
dije! ¡No va a pasar nada de nada!
Poco a poco, su cuerpo se movió sutilmente hacia atrás, dando a entender
que ese era su “sí”.
—¡Fui yo! No te preocupes, amiga —comentó de forma sarcástica, al notar
la preocupación en Adela.
Rocío siguió con sus preguntas tontas y desafiantes, mostrando que,
según ella, tal energía —o lo que fuese que le respondiera— no era más que un
movimiento involuntario pero explicable de su cuerpo. Hasta que hizo la
pregunta que lo cambió todo.
—¿Por qué haces esas preguntas tan ridículas? ¿Me estás queriendo ver la
cara de tonta? —exclamó molesta Adela, al ver que Rocío se mofaba de su miedo.
—¡Solo te muestro que no existe nada ni nadie aquí que nos mueva o nos
conteste…! ¡No te comportes como una niña berrinchuda! —replicó con sarcasmo y
burlas, respondiendo a la pregunta de su compinche, que ya se veía enojada.
Su cuerpo se movió hacia atrás... un poco más inclinado. Ambas chicas se
quedaron mudas ante tal acontecimiento.
—¡No es gracioso, Rocío! ¡Deja de hacer todo eso! —vociferó con enfado
Adela, al ver que su amiga podía seguir tomándole el pelo.
—¡Te juro que yo no he hecho nada! —gritó entre el miedo y la confusión,
tratando de explicarle que ella no lo causaba, que todo era algo que no
controlaba.
Sin embargo, el cuerpo de Rocío seguía inclinándose hacia atrás de una
forma que no tenía explicación, dejando su torso en un ángulo de ciento veinte
grados, algo imposible de lograr sin caer al suelo. Algo —o alguien— estaba
tirando de su ser sin soltarla. Una fuerza invisible estaba tomando control de
aquella muchacha.
—¿Eres alguna especie de espíritu maligno o demonio? —preguntó Adela, al
ver que su amiga estaba muda, sin pronunciar palabra, paralizada por el miedo.
Rocío solo pudo empezar a llorar, sin poder mover ni un solo dedo. Pero
dentro de ella, sentía que eso no era lo peor. Quiso gritar.
—¡Nmnooo… looo hagggaaasss! —con una voz quebrada, trataba de advertir a
su amiga.
Una fuerza sobrenatural tomó el cuerpo de Adela como si fuera una muñeca
de trapo, balanceándola de atrás hacia adelante, lentamente, como lo haría un
péndulo. Pero cada vez con más fuerza... hasta que la muchachita impactó contra
el suelo.
—¡Craaackkk! —sonó como si su espina y costillas se quebraran.
—¡Aaaooouu! —entre gemidos de dolor, la pobre niña sintió cómo dos de
sus dientes se rompían, ahogando su sufrimiento en un leve murmullo que apenas
le daba la poca fuerza que le quedaba.
No se detuvo lo que fuese que había entrado a este plano. Con violencia,
volvió a tomar el cuerpo de la joven y lo impactó, esta vez de espaldas.
—¡Craaassshhh! —se dejó oír cómo su cuello se dislocaba, al mismo tiempo
que uno de sus hombros. Un charco de sangre se formó detrás de su cabeza,
manchando toda la superficie cuando el golpe le abrió el cráneo.
Su amiga solo observaba aquel pesadillesco espectáculo, detenida contra
su voluntad, como si esa cosa que las tenía presas quisiera hacerla su
principal espectadora.
Volvió a tomar a la muchacha, levantándola poco a poco del suelo. Esta
vez, la dejó suspendida en el mismo ángulo de ciento veinte grados, como antes
había quedado Rocío.
—¡Haaa-haaa-haaa-haaaaaa! —una carcajada siniestra se manifestó,
haciendo que las paredes vibraran al compás de los sollozos silenciosos de
aquellas niñas sin escape.
La criatura no se iba a conformar. Como un perro que destroza su juguete
nuevo, retomó el movimiento, esta vez más fuerte, sin detenerse.
—¡Craaacccckkkk!— ¡Craaaassshhh!— ¡Craaacccckkkk!— ¡Craaaassshhh!—
¡Craaacccckkkk!— ¡Craaaassshhh!—
El cuerpo de Adela azotaba sin respuesta, y la oscuridad se tragaba los sonidos
con el compás de la violencia que marcaba la habitación. Solo una leve ventisca
agonizante provenía de los labios de Adela —Aaahhg—, apenas escapando con el
poco aire que aún le quedaba en los pulmones.
La muchacha, casi moribunda y con el cuerpo completamente ensangrentado,
con partes de su rostro irreconocibles, solo miró a su amiga —quien no paraba
de llorar— e intentó mover la cabeza, con el cuello completamente roto, para
regalarle una leve sonrisa que apenas se podía notar. Luego de ello, impactó
por última vez contra el piso… y fue arrastrada fuera del lugar.
—¡Aaahhh! ¡Aaaaaahhhhhh! ¡Aaaaaaaaahhhhhhhhh! —los gritos de Adela se
iban perdiendo al ser arrastrada por la oscuridad, dejando solo las marcas de
sus uñas aferradas al suelo.
—¡Haaa! ¡Haaa! ¡Haaa! ¡Haaa! ¡Haaaaaa! —una risa estrepitosa que inundó
cada rincón de la casa dio, cruelmente, el fin a una inocente pijamada.
Cuando los padres de la niña llegaron, encontraron a Rocío manchada de
sangre, con su pijama blanca de ponis rosas, escondida en un rincón del cuarto
de su amiga. Se tapaba los oídos con las manos temblorosas, mientras su mirada
permanecía fija en la pared.
Presos de la angustia, llamaron de inmediato a las autoridades para dar
con el paradero de Adela. Sin embargo, movieron muebles, levantaron alfombras,
buscaron en cada rincón, rompieron paredes e incluso cavaron en todo el jardín…
pero jamás se supo de su hija.
Solo se encontró el celular de Adela, con el que estaban transmitiendo
en vivo absolutamente todo. Captó el sufrimiento de aquellas niñas que, por una
moda pasajera, fueron aterrorizadas y presas de una fuerza sobrenatural que
solo buscaba hacerlas sufrir. En uno de los fragmentos del video, se podía ver
una figura entre las sombras, poseyendo el cuerpo de aquella mujer y
llevándosela entre las penumbras, mientras dejaba tras de sí gritos y risas
macabras de fondo.
Ese registro quebró las mentes de los espectadores. De todos aquellos
que aún se atrevan a desafiar el juego del péndulo humano.
Lo que más admiro de El péndulo humano es tu capacidad para convertir una idea simple en una sensación profunda. No solo narras; haces que el lector respire la tensión, y eso es un talento real. Se nota en cómo construyes el ambiente y cómo manejas el suspenso sin necesidad de exagerar.
ResponderBorrarEl ritmo me pareció excelente: empieza con calma, luego aprieta poco a poco y finalmente estalla en el momento justo. Eso hace que uno no pueda dejar de leer!
Hubo una frase que me quedó grabada:
“Cada movimiento, por pequeño que fuera, parecía robarle un fragmento de su identidad.”
En conclusión, te felicito. Este cuento deja huellas, tiene profundidad y demuestra q sabes crear tensión verdadera!
Y me queda una duda...
¿Para ti el péndulo simboliza un castigo externo… o algo que el protagonista ya llevaba oculto dentro de sí?🤔